Leo D.E.P



Leo.
Ese chiquitín juguetón y amoroso, deseoso de cariño, de amigos y cuidado… Ese manojo de suciedad, enredos y nervios que nos llegó sin saber porqué llevaba días solo, qué estaba pasando con él y dónde le llevábamos unos desconocidos.
Sentimos rabia al verlo en aquellas condiciones, sentimos compasión cuando por fin le pudimos ver a él y no a su pasado descuidado, sentimos amor cuando nos perseguía y cuando le veíamos jugar, y hemos sentido mucho miedo y dolor.
Leo nos dejó hace unas semanas.

No hemos podido escribir estas palabras antes, sus últimos días fueron un torbellino de emociones. Decidimos castrarle (como a todos nuestros peludos) y una gran familia lo acogió en su convalecencia. Recibimos muchos mensajes de familias interesadas en él, estaba prácticamente adoptado, era todo genial, pero algo le pasaba.
Desde que llegó apenas comía, de los cambios, pensamos. La operación fue bien y estábamos animados, pero después volvió a no comer, estaba débil y las múltiples visitas al veterinario no sacaban ningún problema.
Hasta que un día, rodeado por el amor y las lágrimas de su familia de acogida y de nosotros, nos dejó.

Parvovirus.
Ese maldito virus hipercontagioso y de difícil detección en perros con estrés traumático por abandono, desorientación y nervios se lo llevó. ¿Lo detectaron y por eso se deshicieron de él? No lo sabemos, y ya no importa…

Descansa En Paz pequeño. Te hemos querido mucho en el poco tiempo que te tuvimos.

Por favor, ¡Si tu perro está mostrando síntomas de inapetencia, vómitos o diarreas… o si sospechas que puede estar enfermo, por favor ponte en contacto con tu veterinario de inmediato!